- Papá, ¿sabes qué? El demonio es bueno.
Podeis imaginaros la cara que se le quedó a mi padre al escuchar tan satánico comentario de labios de una inocente criatura.
- ¿Cómo que es bueno? ¡El demonio es lo más malo que hay! -respondió mi padre.
Pero yo, lejos de amilanarme, expuse mis argumentos infantiles con absoluta convicción.
- No, es bueno. ¿Cómo puede ser malo quien se encarga de castigar a las personas malas?
Mi padre sonrió y me dio la razón. Y es que Dios es bueno porque premia o favorece a las personas buenas, pero quien castiga a los malos y hace el "trabajo sucio" es Satanás.
El ángel caído
Se podría decir que ambos forman un gran equipo y se complementan a la perfección. ¿Qué sería de Dios sin Satanás? O dicho de otro modo, ¿qué ha atraido más fieles a los brazos de la estancada y anacrónica Iglesia Católica actual? ¿La promesa de un paraíso eterno tras una vida de sacrificio y devoción o el miedo al fuego eterno y al castigo insoportable del infierno?
Espero que no os haya parecido un texto demasiado sacrílego o satánico. Pensad que hoy hemos tenido una reflexión pura y sincera como la de un niño.
¡Hasta la próxima chispa!